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El café y la revolución, la crónica de una muerte anunciada.

Autor: Juan José Ávila Moncayo-CEO Kafyh Holding Corp.

Kaldi, el Pastor de cabras del cuerno africano del año 800, jamás imaginó que al llevarle a los monjes de un monasterio aquellos frutos rojos que hechizaron en euforia a sus cabras, estaba dándole vida al combustible predilecto de las revoluciones: el café.

En 1779 Goethe anunciaba que uno de sus estímulos favoritos para darle libertad a su torrente creativo era el café, a pesar de que la cafeína aun no era descubierta, el genio creador ya anunciaba que la bebida de sus libaciones contenía un líquido maligno en el buen sentido de la palabra que lograba mantenerlo despierto para darle rienda suelta a su imaginación, por esas épocas ya se venía cocinando una de las grandes revoluciones universales, la revolución francesa.

En el siglo XVIII Francia provenía de una época monárquica, autoritaria, con una desigualdad rampante, 100 años atrás tímidamente y sin querer, el café llego al reino, ingreso a través de un emisario de medio oriente, despertando desde el inicio las mentes de los franceses oprimidos, En los cafés parisinos se redactaron enciclopedias, se escucharon los rumores, se organizaron las revueltas tanto así que Jules Michelet en su compendio de la historia de Francia reserva unas líneas especiales para la bebida como parte fundamental del proceso: “no hay duda de que el honor de haber causado esa tremenda explosión hay que atribuírselo al café”, en ese orden de ideas podemos afirmar ni más ni menos que los principios universales de la revolución humana: libertad, igualdad y fraternidad tienen origen en la bebida oscura.

Asimismo, en Gran Bretaña el café hacía de las suyas, en el siglo previo a la revolución industrial la mano de obra trabajadora británica para evitar perecer frente a toda suerte de enfermedades generadas por la contaminación del agua: desayunaba, almorzaba y cenaba con cerveza, un amante del café y escritor Argentino realizó un experimento de inmersión, recreando las épocas pre revolución industrial iniciando uno de sus días laborales con tres cervezas y no una taza de café, resultado: garantía de tener una resaca constante en su jornada laboral, ojos vidriosos, juicio sesgado y mente embotada, así vivió Europa, hasta que, poco a poco, y tímidamente ingreso el café, económico, oscuro y con facultades maravillosas casi mágicas que cambiaron el ejercito de autómatas que salían de las fábricas en las noches, por individuos despiertos y lucidos, lo demás es historia….

Ahora bien, si cambiamos de hemisferio, nos adelantamos algunos años al presente y hablamos de poesía: “El oro del hombre común que, como el oro, le brinda a cada persona la sensación de lujo y nobleza. Gracias, Juan Valdez”, El ganador del premio nobel definía con estas sencillas frases como el café colombiano se equipará a un metal precioso, esta comparación se ve reflejada en el hecho de que según el informe del gerente de la Federación Nacional de Cafeteros al 88 congreso nacional de cafeteros en el 2020, el valor de la cosecha cafetera Colombiana ascendió a un histórico en 20 años: 8.7 billones de pesos, con diferencial de precio por calidad de grano de 44.1 centavos de dólar por libra y un máximo histórico de $1.325.000 pesos pagados por carga de 125 kilogramos de café, cifras suficientes para darle un respiro a la economía del caficultor y llevar bienestar a sus hogares, ¿o no?.

Artusi, en su libro titulado “café” rememoraba un cronista del siglo XX quien como vaticinando el destino colombiano mencionaba: “muchos de los países en los que se cultiva el café eran aquellos en los que siempre se está tramando alguna revolución”, llegamos al centenario, esperamos la revolución, bien dice el popular refrán, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

1 Comment

  • Juan De La Rosa.

    8 diciembre, 2020 5:04 pm

    Buen artículo.

    El café, como medio por el cual se sustenta una forma de vida, representa, para cada uno de los que la eligen, una cultura guerrera colmada de luchas y vivencias. En una taza de café no solamente se encuentra los derivados propios de un proceso productivo, sino parte del alma y la vida de todos aquellos que intervinieron en su creación, y principalmente, de aquellos que con mucho esfuerzo luchan todos los días por sembrar, cultivar y ciudar tan preciado fruto.

    Al beber una taza con café, le das sentido y victoria a la vida de aquellos campesinos que dejaron un poco de si mismos, prácticamente, en tus manos.

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